miércoles, 22 de agosto de 2012



OBSERVATORIO NACIONAL DE PAZ
DOCUMENTO DE REFLEXION
MINERIA RETOS EN EL TERRITORIO Y POLITICA PÚBLICA DESDE LAS REGIONES

Presentación
La tarea central del Observatorio en el periodo es contribuir con insumos para el debate sobre los conflictos priorizados en las regiones con el objeto de señalar trazos o rutas que permitan construir política pública desde las organizaciones sociales.     En  este periodo de la historia del país, vuelve a ocupar un lugar este tema que tiene ya unos precedentes y que los pueblos deben seguir sus rastros y enseñanzas para no incurrir en redundancias y delinear posturas de negociación que favorezcan sus intereses y cuiden los derechos de las generaciones futuras. 
 
Quiere este breve escrito soportar sus planteamientos en dos campos de reflexión:  uno referido a las condiciones del proceso de acumulación económica, que permita entender porque en los territorios hoy se presenta la disputa en un marco de derechos de la naturaleza que aún debemos posicionar;  y uno segundo referido a la autonomía de las Regiones desde la formulación de los planes de Desarrollo, en especial tomamos el ejemplo de Nariño por los aprendizajes y condiciones ventajosas que representa la tarea del Gobierno alternativo actual. 

Ahora bien el Documento tiene un sentido pedagógico, dado que no pretende ser una agrupación de datos técnicos, que probablemente se pueden incorporar a él; y propone mas bien una ruta en construcción que espera animar a los actores fundamentales del territorio, en la vía de construir una política publica con interlocución nacional.

De historias olvidadas e impactos lesivos.  
Como señalara el estudioso de nuestra realidad Carlos Villareal la minería no ha dejado sino dolorosos impactos en el rastro por la historia de América Latina y del Sur del País.   Baste recordar la inmensa expoliación sufrida con la conquista española que evidencia el traslado de volúmenes inmensos de oro, plata, cobre y platino entre los minerales que agregando valor son soportes fundamentales para la emergencia y solidez de los modelos de acumulación Inglesa, Alemana, Francesa y de los países de Europa fundamentalmente.   La historia señala las cicatrices dejadas en Potosí, Chile, México, Colombia, Perú etc.   Resulta sin embargo una historia que se ha colonizado en el olvido.  Pues, han tenido que ser los poemas de Neruda, Galeano quienes refrescan esas profundas expoliaciones sufridas y que como lo recuerda Aníbal Quijano señalaron un verdadero epistemicidio y la aparición en la historia humana de los enfoques de raza, trabajo  sobre-explotado y exterminio de la población nativa.
 
Esas mismas fuerzas telúricas parecen renacer en el siglo XXI, ahora con discursos sofisticados y que no hacen sino ocultar los propósitos intencionados de los nuevos actores de la colonización ahora mundializada por empresas que buscan la riqueza a cualquier costo, buscándola donde no se les ha perdido  y donde encuentran socios para sus espurios intereses.   Una paradoja, que tiene sello de amnesia moderna es la que resulta de la inaplicabilidad de la minería en los países enriquecidos[1]; y su correría por los países empobrecidos, donde los controles ambientales y regulaciones son menores o más laxos.  

No solo es la insaciable voracidad del proceso de acumulación del capital, para el desarrollo de una sociedad que mira a la naturaleza como su condición inerte.   Es todavía, la persistencia de un orden económico global que pocos controvierten y que reducen, el papel de países como el nuestro al suministro de materias primas básicas para las más boyantes industrias de la micro-electrónica, los procesadores de las nuevas generaciones, los electrodomésticos, la aeronáutica, las comunicaciones y probablemente para una industria militar basada en “hadrones” y el control de la información con sofisticadas tecnologías geo referenciadas. 

Entonces, debemos volver por los argumentos del ambientalismo y la ecología política.  Ya Wolfang Sachs nos propone que hoy es imposible pensar la sociedad sin la naturaleza y ella sin la sociedad.  Es en este punto central donde se define el lugar que los humanos queremos darle a la naturaleza en su interacción con otros componentes de la vida social y cultural. 

En nuestro medio, el Ambientalista de la Universidad Nacional Augusto Ángel Maya ya señalo en la década de los setenta y ochenta, la relación entre el modelo energético y la política.   Entre el centralismo y autoritarismo de propuestas de organización energética como el nuclear y la necesidad de fuentes alternativas y descentralizadas de controles y autogestión desde comunidades locales.  Todo está en juego de nuevo como gran marco de referencia de lo que pretendamos hacer en nuestro territorio y su porvenir. 

Las memorias extensas son una prueba contundente de un porvenir incierto.  Conocidas por la arqueología son los saberes y conocimientos que permitieron a los pueblos pre-colombinos el tratamiento del oro.   Cuya huella perdura en filigranas, martillado y trabajo del oro en Barbacoas (Sur y piedemonte, Provincia que permitió a la región la entrada de la modernidad sin modernización en nuestra región).   No siendo este el lugar, para mencionar la inmensidad de los saberes técnicos que acumularon pueblos como la desaparecida cultura Tolita (Que debió habitar la costa pacifica sur), el saber milenario de los Pastos como culturas que abrigaron un pensamiento cosmogónico que apenas empezamos a valorar. 

Volviendo al planteamiento inicial de Villareal, señalemos que la acumulación que giro de la mano de la expoliación colonizadora no deparó condiciones de existencia digna para las mayorías.  Al contrario las inmensas riquezas circularon primero a favor de encomenderos, ordenes religiosas, piratas, banqueros y comerciantes inescrupulosos.  Y luego, como tragedia en manos de la Banca Central de nuestro País.   Ahí está la prueba de las condiciones de vida en Barbacoas, que se dio el lujo de tener helipuerto para el saqueo, y aún hoy en pleno siglo XXI no tiene conectividad vial; explicando de paso una demanda histórica hoy asumida con enormes enseñanzas por el movimiento cívico de “piernas cruzadas”.  

El elemento que da fundamento a esta economía extractiva y de enclaves solo puede entenderse a partir de la constatación del papel de institución imaginaria que juega el dinero, la conversión de cambio y la racionalidad funcional que representa el papel de la minería.   Hoy de nuevo acuñada sobre bases que permiten ventajas inexplicables (pero toleradas por los modelos de desarrollo occidental) a empresas que juegan con amplias ventajas en procesos de acumulación en medio de la crisis de soberanía que caracterizan a estados nación débiles o con baja regulación del sector.  

Es en el conjunto de estos factores de alta complejidad donde se desplaza cualquier idea de soberanía de los territorios, en los cuales se despliegan los conflictos que desata la minería.   Los actores vuelven a ser los mismos de la colonia, salvo que de aristócratas, piratas y banqueros; ahora se mimetizan en poderosas empresas descentralizadas, globales y que acuden a socios nacionales para expandir sus jugosos negocios, sin reparar en daños ambientales o destrucción del tejido social comunitario.  

Las Cartografías y su geo-política.
Resulta ahora si, comprensible el papel de los territorios y de sus propietarios en el contrato inicial subvertido y cuestionado, al cual se le superpone la presencia de actores armados ilegales, como escenario de conflicto que busca manejar, controlar y proveerse de bienes y servicios ambientales de una parte (agua y diversidad biológica); pero también de dotaciones propias de minerales como el oro, el platino y otros sofisticados como el coltan, para las demandas de un modelo de acumulación que no repara en el bienestar colectivo, sino en la ganancia sin ninguna  ética planetaria. 

En este punto debemos puntualizar la importancia que tiene el enfoque territorial y aquello, que no se menciona referido al autogobierno de las comunidades sobre los contenedores flexibles que las dimensiones socio-espaciales hoy constituyen.    No es como se piensa, en cierto argot académico que existe una amnesia del Estado en relación con los factores territoriales; sino que ahora tiene otro rol y peso específico, dadas ciertas condiciones del juego de intereses y factores económicos en el orden mundial del modelo de acumulación. 
 
Claro que en la historia los territorios de pueblos ancestrales y forjadores de nuestra precaria condición de nación como los pueblos indígenas y negros son dueños legítimos y  poseedores de territorios que hoy interesan a múltiples actores, entre ellos los corporativos, pero también a los armados ilegales que tienen que disputarles corredores estratégicos para sus guerras,  en suma  se pelean los mejores frutos por la circulación de los bienes que alimentan poderes y  control territorial. 

Entonces las cartografías resultan ahora necesarias.  Y en ello, la economía política tiene otros matices.    Mientras bosques, paramos, montañas, buenos espacios de conservación de avifauna, diversidad biológica, bosques y manglares, de tan preciado valor, contengan por su endemismo especies promisorias; y  sigan siendo reclamados por los pueblos originarios, será un claro obstáculo para los actores corporativos que requieren no solo de bienes de la naturaleza, sino de los conocimientos que ella pueda proveer en términos de soluciones a ingentes a problemas de la humanidad.  

Es entonces en este escenario de bordes, limites, procesos de protección de las culturas y colonización incontrolada; la que permite entender que se puede estar jugando en el sur y en el país en relación con los derechos territoriales de los pueblos originarios[2]

Ahora bien, ya el proceso de organización del territorio ha sufrido un impacto[3] que se debe apreciar y ello como consecuencia de la presencia de economías y actores foráneos.   Son ellos, los que ya con dragas, explotación ilegal, utilización del territorio a partir de cooptación de las demandas y necesidades de los pobladores; vienen impactando y ocasionado daños, algunos irreparables sobre el territorio extenso de Nariño y Colombia.   Resulta que para ellos no existe ni orden de estado constitucional, así nuestro sistema normativo haya adoptado en la Constitución de 1991 mandatos como la función ecológica de la Propiedad.   Es como si en el país conviviera con un grupo de actores que con fuerza, violencia, engaño o simplemente por esa sub-cultura del desprecio por los derechos de la naturaleza opera sin cumplir el orden legal y constitucional.   Es toda una atrevida pre-modernidad que el estado con su ceguera intencionada ha protegido y se niega a regular.   O si no, preguntemos cuántos detenidos existen en Colombia por la operación ilícita de dragas y explotación inadecuada de minas en el presente.   Señalemos sin embargo, que en medio de este panorama que resulta poco alentador los territorios y sus actores tienen juego y deberán dotarse de nuevos enfoques para enfrentar y proponer salidas congruentes con sus referentes culturales y construir o reconstruir sus demandas territoriales.  

Desde la construcción social y participativa de los territorias están en la confluencia de estas tensiones.  Y se puede desde sus agendas redefinir y proponer salidas alternativas.    Esta resulta una oportunidad que tienen tanto indígenas, afros y campesinos, demócratas, ambientalistas, etc para una agenda de desarrollo humano y ecológico sobre sus territorios.   En ella la voluntad del gobierno regional, como se verá más adelante puede ser un factor a favor, pero no suficiente si no se trabaja por la base de un supuesto fundamental para las comunidades organizadas: que es el trabajo propio de fortalecimiento de su cultura organizativa y de incidencia política de frente a estos escenarios de turbulencia y competencia.

Hoy como nunca, las organizaciones y movimientos sociales tiene que ganar en comprensiones de la nueva cartografía política que les depara las tensiones y violencias que ya tienen presencia en los territorios.    Jugando como en ninguna época de la historia contemporánea un papel fundamental la formación e inclusión de reformas a los procesos educativos que soportan su propia existencia y el reclamo para un giro fundamental en la educación que se imparte desde la institucionalidad publica[4].

Legislaciones para los Nuevos Corporativismos
Son múltiples las circunstancias que impiden afirmar que en el País no opera un auténtico sistema jurídico ahora en correspondencia con el enfoque de Estado Social de Derecho.    En la última década, incluso se ha creado un desarrollo muy parecido a los países del “comon low” desde la Corte Constitucional.   A ella, le ha correspondido llenar un vacío dejado por las orbitas administrativas y legislativas del poder del estado.   Y ello acontece porque el giro que vive la evolución del constitucionalismo y del derecho mismo tiene que ocuparse de la igualdad de oportunidades de las y los ciudadanos frente a la Ley y el derecho. 

Sin duda, ese formalismo que no piensa en contenidos y eficiencias de los instrumentos de acción del estado social está mandado a confrontar; así lo añoren las posturas conservadoras de muchas franjas de la sociedad colombiana.   De ello se ha ocupado con suficiente ejemplo la jurisprudencia y debe ser una labor educativa su divulgación como patrimonio del país y ejemplo de construcción de una institucionalidad democrática.  

De esa variada línea jurisprudencial vale la pena resaltar avances que son fundamentales para esta reflexión.   Una primera definida como el lugar que se le ha asigna a la consulta previa como derecho fundamental.   Otra referida al respeto de los derechos territoriales de las comunidades indígenas y afros en la gestión de su territorio y una consecuente  efectiva protección de los derechos fundamentales a partir de las condiciones del conflicto que vive la nación para el conjunto de la ciudadanía.  

Solo para efectos de ilustración señalemos algunos planteamientos sobre el derecho a la consulta previa y la visión integra del territorio de los pueblos originarios. 

El derecho a una consulta previa como derecho fundamental es un desarrollo del espíritu central del modelo de estado social y democrático de derecho adoptado por la Constitución Política de Colombia e incorporado a nuestro ordenamiento jurídico  a partir de la suscripción del Convenio 169 de la OIT.   Frente a su ejercicio por los pueblos originarios no puede argumentarse enredos o argucias positivistas, que impidan su pleno ejercicio.   Tanto los pueblos indígenas como afro-colombianos desean construir mundos donde la pluralidad de visiones, vayan configurando el bienestar del país y aportar los enfoques hasta ahora negados, de unas condiciones de buen vivir para  la humanidad entera.  

La consulta previa no es una sumatoria de reuniones, sino parte fundamental de la legitimidad que deben acompañar los actos administrativos del Estado Colombiano y sus definiciones que afectan la vida individual y colectiva de los pueblos fundantes[5].    En la actualidad todavía hay funcionarios y abogados que no alcanzan a comprender, que estamos frente a un derecho a construir mundos posibles desde ámbitos participados;  esto es, que el enriquecimiento aportes, reflexión, debate informado se constituyen en riqueza de las definiciones sobre los ámbitos del mundo de la vida que es el destino final de la acción concertada de un Estado social.  

Se desconoce a partir de posturas intransigentes y formalistas toda una trayectoria de la jurisprudencia democrática de las altas cortes, empezando por la Corte Constitucional de nuestro País, quien en forma reiterada se pronuncia a favor de este derecho fundamental para la expedición de medidas que impactan y producen efectos sobre la cultura, el ethos y la vida en armonía de los pueblos originarios. 

Baste recordar que la participación es un proceso social complejo donde el dialogo intercultural, la calidad de la información las condiciones para reconocer “otras visiones del mundo” sean posibles.   Es de esta manera, y no como asuntos formales o superficiales, que se generan las condiciones para avanzar desde mundos participados y no simples consultas a sus ciudadanos en las definiciones que resultarán procesos vitales de legitimidad y legalidad de todos los actos de estado.  

En forma reiterada los voceros de los pueblos originarios han manifestado su espíritu de concertación.  Resulta, sin embargo contradictorio que franjas de la sociedad hegemónica sigan creyendo que los pueblos indígenas y afro-americanos se oponen al desarrollo.  En realidad lo que acontece, es que la concertación debe constituirse en una práctica cultural que haga parte de todo pacto social, en toda definición estratégica de la sociedad y el estado nacional.  

Existe además una base que tiene asiento en los principios de nuestro ordenamiento jurídico y que desde propuestas como la del pueblo de los Pastos se conoce como el Derecho Mayor.   Condición que  se plantea como base de principios o pivote anterior y fundante de todo derecho posterior no solo de la propiedad, sino del conjunto de bases materiales, culturales, simbólicas que configuran nuestra definición como un estado pluri-etnico y multicultural como el colombiano definido así como atributo desde la propia constitución política.  

 La autonomía de los Territorios y las Regiones.
Una historia de vueltas y revueltas ha signado la emergencia de las entidades territoriales con autonomía en  una nación que debió evolucionar según la constitución del año 91 en la dirección de una republica regional unitaria.  

Esta consideración que recibió siempre reservas de parte del centralismo y de una parte importante de la burocracia centralista del país; sigue siendo una fuente de las verdaderas inequidades espaciales, desequilibrios regionales y violencias en la ocupación

La construcción social es una tarea que tiene por horizonte dar vida a formas de organización institucional ya adoptadas en nuestro sistema constitucional.   De conjunto las entidades territoriales indígenas (etis), provincias, regiones, asociaciones de desarrollo territorial son formas que requieren construcción de consensos más allá de los simples mecanismos reguladores de la norma.   Incluso, según  estudiosos[6] de los temas la reciente expedición de la ley orgánica de ordenamiento es de tal falta de profundidad, que poco le agrega a la voluntad y al sentido definido en las normas adoptadas por la Constitución del 91.    Todo ello acontece en un país que ha sufrido profundas transformaciones en su organización territorial por los impactos de actividades sin control como los cultivos de uso ilícito, la minería, la ganadería extensiva y la ocupación y uso del suelo que no corresponde a la vocación de los suelos.[7]   Entonces resulta fundamental restablecer una línea de investigación acción alrededor de la organización del territorio.   Ello acompañado de criterios en los cuales el país y las organizaciones sociales ya vienen avanzando.  

Si los criterios versan sobre la necesidad de cualificar la participación, considerar los elementos geográficos e históricos, considerar la dimensión ecológica y cultural de los pueblos; tenemos ya al frente una tarea que tiene una naturaleza estratégica.   Se trata de reivindicar el autogobierno desde los territorios.  

Es por decir un llamado al renacer de la organización territorial desde construcciones de base popular, con acciones que parten desde el conocimiento del territorio, el fortalecimiento de la articulación entre los diversos actores que lo habitan, la definición de estrategias para una apuesta en “buen vivir” que incluya iniciativas y programas integrales con la inclusión del conocimiento y la apropiación de tecnologías que puedan gestionarse desde perspectiva de respeto por las culturas y el ambiente natural.[8] 

Elementos de construcción de Política Publica en la Materia.
Ha sido necesario un recorrido de naturaleza densa y compleja para arribar a la construcción de líneas que permitan dar pasos firmes en la construcción de política pública en torno a este acucioso tema de la gran minería.   Entendiendo por política pública  como lugar en el cual se negocian y tramitan intereses y vuelven acciones de estado y de sentido de lo público.  En la actualidad el Gobierno de Nariño ha dado  pasos suficientes para colocar la agenda y plantear unos puntos de partida que son favorables a la movilización y resistencias de las organizaciones campesinas, indígenas, de afros para afrontar la materia.  

Esta atmósfera en el caso de Nariño tiene unos atributos que aquí resaltamos.  En primer lugar el enfoque del Plan de Desarrollo de Nariño.  

Este instrumento que planteó un ejercicio de concertación de pedagogía política de especial apertura.   Señala una opción por el desarrollo humano sostenible, así como un enfoque diferencial, territorial, de ciclos de vida y con un apego a valores propios de solidaridad, desarrollo de competencias humanas y ruptura de las inercias que permitan un nuevo panorama de equidad, participación y desarrollo sostenible para todo Nariño.
    
Adicionalmente y con un liderazgo con acento propositivo, la posición del Gobernador de Nariño ha generado una apertura al debate en el tema de minería, como en las alternativas frente al fenómeno complejo de los cultivos de uso ilícito.  

Se puede afirmar entonces que existe un lugar de espacio democrático para confrontar la visión extractivista y desarrollista a ultranza, que representa el Estado desde el Ministerio de Minas y la naciente Agencia Nacional de Minería.   Esta última anuncia, que a partir de los primeros días de septiembre pondrá en funcionamiento un Sistema Geo referenciado y Publico de información sobre los permisos mineros en el territorio nacional.    Esta circunstancia nos muestra como el país, ha sido incapaz de aprender las lecciones históricas y una autentica ruta de construcción de política pública.     Nariño y sus fuerzas vivas pueden ser líderes en dotar de contenido a un debate y al posicionamiento de políticas públicas que sean garantes de tres principios: uno de responsabilidad ecológica de la propiedad, dos de protección y visión integral del territorio como contenedores de vida digna y tres de soberanía en relación con los intereses corporativos.

Desarrollemos en forma panorámica los tres principios en relación con iniciativas que deben tener lugar en definiciones de política de estado, y algunas de orden legislativo.

1.   Principio rector es la concepción de responsabilidad ecológica y social de la propiedad y de la empresa.  Resulta fundamental un desarrollo legal y jurisdiccional que vuelva materializable los efectos de afirmaciones como “La propiedad es una función social que implica obligaciones.  Como tal, le es inherente una función ecológica.”  Artículo 58 de la Constitución Política.  De aquí se desprenden una serie de proposiciones que deben desarrollarse en el nuevo Código Minero, en el Estatuto de desarrollo Rural, en la nueva versión de la ley de Paramos y áreas protegidas.  Ellas tienen que ver con la claridad en los límites a la iniciativa privada, la comprensión de los impactos de exploración y sísmica de los procesos de búsqueda de minerales, la protección de sitios proveedores y generadores de fuentes hídricas, la protección de corredores biológicos, parques naturales  y la propiedad colectiva de pueblos indígenas, afros y el desarrollo de la figura de reservas campesinas.  

2.    El territorio avanza en las figuras de construcción social y es un lugar protector de la vida.  

El sustento básico en la construcción de una línea de política publica se sustentará en el articulo 286 en sus desarrollos y concordancias: “Son entidades territoriales los departamentos, los distritos, los municipios y los territorios indígenas.   La ley podrá darles carácter de entidades territoriales a las regiones y provincias que se constituyan en los términos de la Constitución y la Ley”.

Se esperaba de la reciente expedición de la denominada Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial, un avance en la legislación que profundizara la autonomía y los recursos para nuevas figuras como las Entidades Territoriales Indígenas, las Provincias, las Regiones o las Asociaciones de Desarrollo Territorial (ADT).   Ello no aconteció por razones que el gran impulsor de nuevas figuras y de un ordenamiento territorial democrático, como lo era Orlando Fals Borda (q.e.p.d) ya había presagiado.   Una discusión y la adopción de un ordenamiento que corresponda a intereses de los sectores populares no provendrá de la iniciativa de las élites; sino de la madurez de la autonomía y autogobierno de los territorios, experiencias como la de la Región Sur y lo que actualmente acontece en el Cauca, indican la ruta.   Temas conexos que debe visualizar este campo de trabajo son la participación de los entes territoriales en los ingresos del país, las rutas y evaluación del proceso de descentralización, los mecanismos de participación y la implementación de nuevas figuras de ordenamientos.  


3.    Soberanía frente a intereses y negocios de las Empresas Corporativas.
Una postura que refleje creativas formulas para ir delineando un orden social y económico que sea congruente con el bienestar y dignidad para las mayorías.   En este acápite se pueden discernir formulas como la renegociación de los contratos de Asociación y Explotación minero energéticos, pero también otras medidas como la implantación de medidas como mayores caudas tributarias al sistema financiero, e incluso la futura instauración de la renta universal de ciudadanía.   Todas ellas, apuestas creativas que pueden y tienen referentes en estudios serios de académicos en el país y en el mundo.[9] 

Queda a partir de estas provocaciones un camino abierto de rigor en la reflexión y de un nuevo sentido de iniciativa sobre propuestas vitales para los territorios en los próximos años y del porvenir de las generaciones que nos remplacen. 

LUIS EDUARDO CALPA
INVESTIGADOR REGIONAL






[1] Esta nominación la tomamos del Pensador y Teólogo Brasileño Leonardo Boff.  Ver Pagina web de su obra.  “Eso es exactamente lo que está ocurriendo con la mundialización propuesta por el pueblo de Davos-Nueva York. O usted está en el mercado competitivo, vence y existe, o usted es derrotado, desiste y no existe. Entre las víctimas de esta lógica se encuentra casi la mitad de la humanidad, condenada a la exclusión despiadada y desprovista de cualquier sostenibilidad. ¿Puede ser humano un proyecto global que elimina a los humanos o los convierte en mero carbón –recordando al añorado Darcy Ribeiro- de la máquina productiva?”  Frente a esta crueldad, adquiere dignidad ética la alternativa propuesta por el pueblo de Porto Alegre. Niega ese tipo de mundialización tiranosáurica. Propone otra globalización que pasa por la solidaridad a partir de abajo, por la mundialización de los derechos humanos, por la socialización de la democracia como valor universal, por el control social de los capitales especulativos; pasa, igualmente, por la aplicación en todas las economías de la tasa Tobin, por la creación de instancias de gobierno mundial, por la universalización del cuidado para con la Tierra y con los ecosistemas y por la valoración de la dimensión espiritual del ser humano y del universo” ¿Qué Mundialización? En: www.koinoia 2003-10-10.  
[2] Según el ambientalista Andrés Hurtado García el Gobierno de Juan Manuel Santos entregaría 17 Millones de hectáreas a la conocida como locomotora de la minería.   También afirma.  “Pero mayor locura sería hacer minería irresponsable con el medio ambiente.   En esta locomotora están montados las grandes empresas y los mineros artesanales, que también ellos hacen muchísimo daño a los ríos.   La minería grande y pequeña siempre hará daño al medio ambiente, perro deben sopesarse los daños y los beneficios..(sic).  Mineros y ecologistas: ¿Nuevos amiguis?  El tiempo. 7 de Agosto. Pg. 18 A
[3] Entre los cuales apenas se menciona ya ahora por su evidencia, el denominado Cambio Climático que igual no se reconoce en su causalidad con el modo depredador del capitalismo desaforado.
[4] Baste señalar que en Nariño se adelanta una reflexión de alto contenido estratégico a raíz de la formulación del Plan de Educación Pertinente.   Circunstancia que no encuentra correspondencia con una fuerza pedagógica coherente de parte por ejemplo del Sindicato de Maestros y de la misma Universidad Publica Regional.
[5] Con preocupación se registra que ya el Gobierno está pensando en una Norma que regule en forma negativa el derecho y los avances conquistados del derecho a la Consulta Previa para los pueblos indígenas.  Ver el Tiempo…
[6] Se puede ver opiniones serias al respecto en Viva la Ciudadanía.  Antonio Madariaga.
[7] En este sentido se vuelve reiterativo diagnósticos tan serios como el reciente Informe Nacional de Desarrollo Humano dirigido por una autoridad como el profesor y maestro Absalón Machado.  Remitimos a él por su rigor y criticidad.
[8] Renacer y organización del territorio que impulso durante toda su vida el Sociólogo y Maestro Orlando Fals Borda en su obra y compromiso vital.
[9] Se puede consultar los trabajos de Luis Jorge Garay Salamanca,  Álvaro Martín Moreno Rivas, Andrés Felipe Mora e Iván Darío Velásquez Garzón en: Colombia Dialogo Pendiente: El derecho al trabajo y la política buffer de empleo.  Planeta Paz.  Documentos de política publica para la paz.  2011.