BALANCE A PUERTAS DEL FINAL DEL GOBIERNO Y LA ALCALDIA DE PASTO
“Debido a las necesidades y potencialidades que se presentan en su territorio, nos vemos en la obligación de ordenar nuestras vidas y por ende nuestro entorno geográfico, organizándonos nacional, regional, departamental, municipal, por comunas, corregimientos, barrios, veredas y sectores”. [1]
Efectuar un balance reflexivo del gobierno en el Segundo Mandato de Gobierno local de Eduardo Alvarado Santander, puede ser un poco apresurado. La región y la principal ciudad de aquella pasan por momentos turbulentos; la crisis de las captadoras de dinero, la vigencia de un Plan de Desarrollo cuyo eje se desplazó de iconos culturales, a uno de los atributos centrales de la vida urbana; la extrema debilidad de los circuitos y sistemas económicos, una pausa inestable de la cultura de participación que ha caracterizado la ciudad, y todo esto en medio de la mayor carencia: un proyecto político de ciudad y región que se ha empezado a constituir, pero que aún carece de la legitimidad y representatividad suficiente para movilizar en forma incluyente todas las energías de la sociedad en su conjunto.
La mayor virtud es indudablemente, la posibilidad de convocar las voluntades de los sujetos sociales alrededor de la pregunta: ¿Qué tipo de ciudad desean los pastusos y pastusas? La movilidad y su plan no es un asunto de definiciones tecnocraticas; así existan elementos que deban tocar con dicho campo, es un asunto de consensos y de la imaginación para definir de una vez por todas, el advenimiento a una sociedad contemporánea que vea en la ciudad un “Sistema abierto”, con sus flujos e interrelaciones, los derechos al disfrute públicos de sus servicios y lugares para lo publico, una cultura ambiental y ciudadana renovada y una propuesta cualificada de participación e inclusión social.
Los nudos y tensiones vuelven por la gestión y concepto del papel de la ciudadanía en las definiciones de los asuntos colectivos. No cuenta el gobierno actual, en su equipo de gobierno, con el impulso de su primer gobierno al inicio del siglo. No existe claridad sobre los supuestos previos para alimentar la participación y la cultura que dejaron experiencias como el presupuesto y la planificación participante y la reciente construcción de Planes de vida por Comunas y Corregimientos. Pareciera el gobierno municipal apegado a una inercia formal; no ha llevado a cabo las recomendaciones que varias miradas le habían señalado sobre la cualificación de los procesos de participación, referidos a varios ítems como: un banco municipal de proyectos, la cualificación y enriquecimiento del ejercicio prospectivo sobre la ciudad pronta a arribar a sus 500 años de fundación hispánica, la formación de los talentos humanos, un sistema de comunicación publica en doble vía, la valoración de la cultura técnica de su Carnaval como instrumento que pueda agenciar imaginarios a favor de la vida material y simbólica de la sociedad pastusa.
Entonces el gobierno se encuentra en protagonismos hirsutos de cada dependencia, sin articulaciones con el Gobierno Departamental y menos pensando instrumentos de un modelo de gobernanza, que ya prefiguraba aprendizajes y enseñanzas propios de la particularidad del ser sureño y de vocación democrática con su rebeldía pacífica. Se ha abandonado la consolidación de empresas ciudadanas y mixtas que consoliden los sentidos de pertenencia y mantengan la eficacia y eficiencia en la prestación de los servicios públicos, la Agencia de Desarrollo Local está sumida en tareas de sobrevivencia sin jugar el papel fundamental por la cual fue constituida, y los macro-proyectos (Movilidad, Centro Lúdico, Conectividad Regional) dependen de una suerte de transacciones con el Gobierno del Virreinato de Santa Fe de Bogota, frente al cual se habían dado pasos importantes para una interlocución más asertiva, autónoma y digna.
Hay sin embargo lugar a la esperanza: La dirigencia comunitaria puede construir y elevar su capacidad de actuar en nuevas redes. La Universidad de Nariño con su ejercicio “Universidad Región”, puede señalar rutas para aportar a la construcción de un renovado capital social; aún la misma crisis de las captadoras de dinero dejan un campo por resolver, Nariño y Pasto tienen experiencias de Economía Solidaria que vueltas proyectos colectivos y serios de sostenibilidad, pueden evitar un desplome grave de la situación social, y algunas dependencias tienen el reto de construir planes sectoriales, que si se los rodea con mayor participación social, gremial e institucional pueden poner mojones alternativos frente a la crisis. Nos referimos a iniciativas como la formulación participativa del Plan Municipal Decenal de Cultura y Gestión Ambiental.
Es en estas especiales orbitas, de la cultura técnica y de la habilidad propia del “ethos nariñense” y el valor de su diversidad biológica, así como la atención a la soberanía y seguridad alimentaria es donde se va a jugar la suerte de la construcción social del porvenir de la ciudad y la Región Sur- Colombiana. Aprovechemos además para volver sobre el proyecto colectivo que posibilite en palabras de estudiantes del diplomado de Gestión Ambiental Urbana, desatar energías para construir una ciudad que sea: “El lugar y espacio en el que convivimos en grupo las personas de diversas costumbres y raíces, dentro de la cual podamos desarrollarnos como seres sociables en diferentes actividades encaminadas al crecimiento de lo público y el bien común”[2]
Entonces las generaciones de hoy y del porvenir se volcarán a construir la Ciudad con mirada de mujer y sin exclusión de sus niños y niñas y jóvenes con sus renovadoras sensibilidades del devenir urbano. Será una ciudad-región con lenguajes en multiverso que debería incorporar la propuesta de derecho a la arquitectura para todos y todas. Entonces ya no será una urbe de hitos físicos y de monumentos fríos, sino de calidez para los sueños e imaginación de todos y todas. Recorrerán las manifestaciones de alegría juvenil y se hará sentir la habilitación de las mujeres que lideran y son palabra de la sociedad. Entonces las iniciativas de las personas y colectivos, habitarán y tendremos ciudades donde el vivir juntos, tiene sentido porque la alegría no se detiene en las fugaces expresiones del arte efímero, sino que de conjunto como lo pide Joice en Ulises celebra la fiesta durante todo el año, en formas que productiva y simbólicamente le son representativas y capaces de movilizar el conjunto de energías urbanitas. La palabra adquiere don de habla individual y colectiva y celebra un acontecimiento de ciudades humanas, participantes y estéticas que reivindican por encima de todo la vida digna, buena y bella para todos y todas.
Es el llamado a la sensibilidad y a “la expresión del amor por Pasto, a sus valores, talentos y costumbres como reflejo de la identidad de la región y el territorio”; con el cuidado que implica volver a preguntarse por el pasado y la memoria. Teniendo la previsión de efectuar las preguntas a la memoria. Por ello, no perdiendo la actitud crítica y reflexiva que debemos observar en las construcciones del bien vivir urbano individual y colectivo.
LUIS EDUARDO CALPA
Región Sur-Colombiana.
[1] Palabras recogidas en el Marco del Diplomado de “Gestión y Control del Ambiente Urbano” actualmente impulsado por EMPAS PASTO, LA UNIVERSIDAD DE NARIÑO VIRTUAL Y LA CONTRALORIA MUNICIPAL DE PASTO. Varias de estas ideas resultan de la reflexión producida en este espacio. Por ello a los cien participantes mi agradecimiento.
[2] Aporte del ejercicio en Mindala aportado por una Mujer Estudiante del Diplomado. Puede notarse la importancia del sentido de lo público en dicho aporte, dejando una huella fundamental en la comprensión del fenómeno urbano.


